Siempre dispuesta a emprender nuevos caminos, allá me fui. Me llamaron, mejor dicho. Y el viento cambió de dirección. No aproveché una bandada de pájaros, como el Principito, ni salir de juerga Bukoskiana para aparecer en un nuevo planeta.
Mi amiga Vero abría su restaurant orgánico Na Guardis en su barrio, Colonia Sant Jordi, en la isla de Mallorca, España. Armé diez tapas, contratapas y retiraciones activadas con collages distintos, únicos. Las mandé por correo y pasaron por manos de comensales que buscaban saciar otros apetitos y aún así, las disfrutaron -me contaron-. Atención bares y restaurantes de Buenos Aires y del mundo: mis manos, tijeras y adhesivos están a disposición de su pedido.